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Una red social milenaria

December 12, 2017

Para comprender mejor esta entrada partiremos de dos premisas fundamentales:

 

1: Los perros son animales sociales. Disfrutan y necesitan de la compañía de otros individuos para desarrollarse.

 

Y 2: Los perros viven en un mundo de olores. El olfato es su mejor sentido, con diferencia. Es el más desarrollado y miles de años de evolución han dotado al perro de una capacidad olfativa que nosotros no podemos ni llegar a imaginarnos.

 

Pues bien, aceptando ambas premisas me dispongo a hablaros de un tema muy particular y no menos importante para nuestros amigos perrunos: los pipís y su importancia social.

 

Uno de los objetivos de esta entrada es que después de haberla leído veamos la acción de orinar de nuestro perro o perra de otra forma. Quizá deberíamos empezar a observar el contexto antes de apurar a nuestro compañero o compañera con la correa o de tirar de la correa para apartarle de aquello que está oliendo.

 

Dentro del inmenso abanico de situaciones en las que las perras y los perros orinan, voy a hablar únicamente de dos tipos de meadas bien distintas y que a su vez abarcarían una cantidad importante de matices.

 

El primer grupo lo he llamado "Meada nerviosa". Lo llamo así porque el nombre define casi literalmente lo que sucede. Esta es una acción de micción debida a los nervios y se da muy a menudo, mucho más de lo que podemos imaginarnos. Tiene lugar cuando, durante el paseo, surge algún imprevisto para el perro. Y cuando digo cualquier imprevisto, me refiero justamente a eso. Será la seguridad en si mismo, la confianza y la buena referencia que el perro tenga en el momento lo que hará variar la frecuencia de este tipo de micción. Esto tan complicado aparentemente, se puede trasladar a la realidad de una manera muy sencilla y habitual. Situación: paseando con mi perra por la acera, se abre una puerta detrás nuestro y aparece una persona. Mi perra que estaba a otra cosa se gira, se detiene y observa cómo la persona se acerca a nosotros. La persona no se fija en mi perra porque va mirando el móvil y ésta hace una maniobra para dejar pasar a la persona que no se ha percatado de nada. Cuando la persona se aleja mi perra me mira, mueve el rabito y orina un poco mas allá, apenas dos segundos y unas gotas, suficiente para eliminar el cortisol y otras hormonas estresantes que le pusieron en alerta hace un minuto.

Situaciones como ésta se nos plantean muchísimas a lo largo de un solo paseo. En lugar de una persona podemos imaginar una moto ruidosa que pasa muy rápido, o un perro que le ladra desde un balcón, una persiana que se cierra, una sirena... etc.

 

Esta meada es puramente fisiológica. La principal función es eliminar sustancias estresantes del organismo para volver a la normalidad. Si no se permite, las hormonas estresantes siguen ahí, haciendo de las suyas, manteniendo al animal en alerta y acumulándose hasta que las reacciones se vuelven casi instintivas. Es entonces cuando se entra en un circulo peligroso para el bienestar emocional del perro ya que se empiezan a percibir amenazas donde no las hay, y esto impide al animal relajarse.

 

Lo que resulta más interesante es que no solo se da esta situación una vez el imprevisto ya ha pasado. Como he dicho antes, hay un sinfín de matices, y uno que se me antoja particularmente importante es el de las situaciones entre perros.

 

Imaginemos la situación: esta vez nuestro perro va suelto. Estamos solos en el parque. Pero aparece una persona con otro perro suelto. Los perros se ven de lejos y deciden acercarse siguiendo su propio instinto, bailando esa particular danza ritual de movimientos lentos y previsibles en la distancia, hasta que uno de ellos decide parar para orinar y relajarse un poco antes de acercarse más. 

 

Probablemente ese perro haya descargado una buena cantidad de nervios y tensión para así poder acercarse mas tranquilamente al otro perro. Y es muy probable también que el otro perro se dirija a la zona donde el primero ha meado para oler. Y luego meará encima para que el otro haga lo mismo, se acerque a oler y como el que no quiere la cosa, ya están juntos, oliendo algo y seguramente aprovecharán para olerse y reconocerse mutuamente.

 

Estas dos situaciones que he planteado las veo muy a menudo. Y por desgracia y desconocimiento, en muchas ocasiones no se permite a los perros completar sus necesidades sociales por muy fisiológicos que sean.

 

El segundo tipo de meadas lo llamaré, muy entrecomillado, el "marcaje".

 

Y lo pongo entrecomillado para que se entienda, ya que seguramente a tod@s nos ha venido a la cabeza la imagen a la que me refiero. Esas meadas en solitario, aparentemente aleatorias, que hacen nuestros amigos cuando van a la montaña, a la playa o a cualquier sitio donde haya olores interesantes. Pero no creo que sea algo que marque propiedad. 

 

Esta meada, lejos de delimitar un territorio, yo la interpreto como una marca que deja el individuo. Algo así como un "yo pasé por aquí". Pero la realidad es que la inmensa mayoría de las veces desconocemos por completo intención con la que lo hacen. Pero justamente por eso creo que debemos respetarlo.

 

No podemos imaginar la cantidad de información que puede haber en ese pipí, tanto si lo hace nuestro compañero o compañera como si lo esta oliendo. Probablemente nuestros perros deciden marcar ciertos puntos porque a ellos les resultan interesantes. Por las razones que sean, un excremento parece ser un sitio interesante para marcar. También lo son las esquinas, los postes, los árboles... quizá estos lugares puedan tener una función orientativa? Quizá sea una forma de decir a amigos y conocidos que ha estado ahí? Quizá..? quizá.. quizá...

Son tantos los motivos que se me ocurren cuya relevancia social puede ser vital para nuestros amigos que se me ocurren pocos para no permitir el desarrollo de lo que, al fin y al cabo, es lo más parecido a una red social con miles de años de antigüedad y perfeccionamiento. No sabemos la cantidad ni el tipo de información que nuestro perro puede extraer de un simple trozo de papel. Tampoco sabemos como repercute apartar al animal de un olor muy interesante. Si algo no nos gusta, seamos previsores y evitemos que nuestro perro o perra pase cerca. Podemos distraerlo, modificar un poco el camino para esquivar o incluso encoger la correa unos segundos hasta que hayamos pasado de largo. Pero si el animal ya esta oliendo algo, deberíamos respetarlo.

 

Permitamos que nuestros perros y perras orinen y huelan otros pipís, eso repercutirá directamente en su bienestar emocional ya que es una actividad natural para ellos y que tiene multitud de beneficios, entre los cuales destaco la relajación del animal y el aumento de la seguridad en sí mismo.

 

Los dos tipos de meadas son distintas sobre el papel pero pueden darse de manera solapada y ambigua, así que os recomendaría observar bien a vuestros compañeros y compañeras de cuatro patas durante un tiempo antes de sacar vuestras propias conclusiones.

 

Un saludo muy perruno a tod@s!!

 

 

 

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