© 2023 by Sasha Blake. Orgullosamente creado con Wix.com

El peligro de las palabras "nunca" y "siempre" en educación.

May 5, 2019

Cuando tratamos de educar a nuestros compañeros peludos de cuatro patas debemos tener en cuenta muchas cosas. Desde las necesidades propias de la especia hasta los detalles más particulares de nuestro compañero o compañera y nuestra propia situación.

Es por esto que no creo en "reglas mágicas" o "técnicas" que sirvan para la totalidad o la generalidad de los y las perras.

 

Hace unos días compartimos un agradable paseo por la montaña con un buen amigo y su compañero Pluto. Durante la charla me comentó algunas cosas que había aprendido en un curso de adiestramiento al que había asistido recientemente. Más allá de la idoneidad de las pseudo-técnicas que se enseñan en este tipo de cursos, lo que más me llamó la atención es la base que casi todas ellas comparten: "El perro nunca..." o "El perro siempre..."

 

Desde mi punto de vista creo que es peligroso plantear y divulgar este tipo de "dogmas" porque tienden a gravarse a fuego en el cerebro de muchas personas, y luego son la fuente de muchas frustraciones y conflictos de convivencia.

Quizá en matemáticas o en física 2 más 2 son siempre 4. Pero en educación, igual que en todo lo que tiene que ver con la Naturaleza con con el crecimiento de un individuo, dos más dos no siempre son cuatro.

 

Muchas veces, querer ser estrictos o rígidos con las normas o con nuestros propios principios puede llevarnos a situaciones surrealistas. Es el caso, por ejemplo, de lo que en el curso planteaban en el paseo con correa: "El perro nunca puede ir delante tuyo" o planteado en su respectiva forma positiva "Tú debes ir siempre por delante del perro". 

No entro ni siquiera a valorar el manejo de correa que pueden "enseñar" en un curso de estas características, pues la propia base del paseo ya no se sostiene. Todo lo que viene a continuación es delirante pero no entraré en detalles que poco o nada aportan a lo que quiero llegar a decir.

 

Creo que abandonar de vez en cuando esa "zona de confort" que ofrece una afirmación o una negación rotunda puede ayudarnos a crecer personalmente. Siempre que el planteamiento sea lo suficientemente lógico y claro, creo que merece la pena abrir una puerta a la duda.

Obviamente, si a menudo hay argumentos suficientemente claros y lógicos para dejar de hacer algo que has hecho siempre (o que no has hecho nunca) quizá deberías plantearte cambiar esa "norma", costumbre o principio moral que te conduce por ese camino.

 

Personalmente pienso que la flexibilidad, cuando hablamos de educación y convivencia, es un arte que está al alcance de cualquiera, pero que pocos llevamos a la práctica. Por lo menos, de manera consciente.

Por el bien de la propia especie humana, siempre, en toda normativa y reglamento, ha habido un margen para justificar el incumplimiento del mismo. En el mundo del adiestramiento de perros para personas invidentes, por ejemplo, existe lo que yo he conocido como "desobediencia inteligente", que es aquello que lleva al animal a no cruzar un semáforo en rojo por mucho que alguien se lo pida.

 

En un mundo estricto y rígido los únicos felices serían los ordenadores y las máquinas, dando por hecho de que éstos entendieran lo que es la felicidad.

Dejar margen a la duda es algo que nos ha permitido avanzar como especie. A veces, hacer lo que no está permitido implica un avance, un progreso en algo.

 

En educación canina os puedo asegurar que aprender a ser flexible mejora y enriquece notablemente la convivencia  y desechar muchos de esos argumentos que empiezan por un "siempre" o por un "nunca" ayudan a recorrer ese camino. 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Please reload

Archive

February 9, 2018

Please reload

Recent Posts